martes, 18 de septiembre de 2012

Nuestra Señora Contesta

El trece de Mayo de 1917, cuando fueron a la serra, los niños no sabían la confusión en que el mundo se encontraba. No habían oido la voz del Papa Benedicto XV que se había dirigido a la Madre de la humanidad, pidiéndole a María que mirase al mundo sollozando, que simpatizara con los llantos de los niños inocentes, y los lamentos angustiosos de las Madres y las esposas. Sin embargo, este era el día en que la Madre de Dios había decidido contestar la súplica del Santo Padre.

Al mediodía los niños fueron sorprendidos por un rayo repentino de un relámpago. Mirando hacia arriba no vieron señal de tormenta; el cielo nunca había estado tan bello, ni el valle tan pacífico. Otra vez vino el rayo y temiendo que una tormenta repentina los sorprendiera, corrieron en dirección de la pequeña cueva. Al volverse, se sorprendieron al ver una Bella Dama parada sobre uno de los pequeños robles cercanos. "No Teman", Dijo la Bella Dama. Sin miedo Lucía le preguntó: "De donde viene Usted?" -- "Vengo del cielo." "Del cielo!" dijo Lucía...y preguntó: "Iré al cielo?" "Sí". Y pensando en sus compañeros añadió: "Y Jacinta, irá también?" "Sí" -- "Y Francisco, irá también al cielo?" Francisco, oyendo su nombre, se volvió y vió a las niñas mirando hacia el arbolito, y no viendo nada, gritó; "tírale una piedra a ver si se vá!" "Porqué es que Francisco no la vé?" Lucía preguntó a la Dama. Entonces Nuestra Señora contestó las palabras que todos debemos tomar muy en serio: "Dile a Francisco que diga el Rosario y me verá." Inmediatamente Francisco tomó sus cuentas y comenzó a rezar. Antes de terminar, sus ojos se abrieron y pudo ver la visión que lo cambió en uno de los más grandes apóstoles de la oración de estos tiempos. El pequeño Francisco que como muchos de nosotros pensaba que las oraciones no eran importantes, nunca olvidó las palabras de Nuestra Señora. Enseguida se convirtió en una inspiración para los demás.
Un día las niñas estaban tan ocupadas jugando, que no pensaron en Francisco hasta el almuerzo. "Francisco", llamaron -- "estás listo para comer?" "no, no deceo comer". Luego le preguntaron lo que estaba haciendo: "Estaba pensando en Nuestro Señor, que está triste por los pecados cometidos. Cuanto deceo consolarlo!" Otro día lo llamaron a jugar y él simplemente levantó su Rosario. Y le dijeron, "O, dilo luego!" y el contestó: "Ahora y luego también!, no recuerdan que Nuestra Señora dijo que tendría que decir muchos Rosarios?".

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