miércoles, 26 de agosto de 2015

5. LOS PRINCIPIOS SECUNDARIOS DE LA MARIOLOGÍA.

Son menos comprehensivos y universales que el primero; pero son más concretos y, por tanto, más explícitos y son muy útiles para el desarrollo de esta ciencia.

A) El principio de singularidadN«Dado que María es, por designio divino, una criatura del todo singular y única, ha recibido unas gracias y privilegios que están fuera de la ley común y que ninguna otra criatura pueden convenir». Santo Tomás lo enuncia en III Sent. d.3, q.1 a2; S. Th III, q.27, a.1 y San Anselmo en Orat. 52. (p. 33.


B) El principio de conveniencia: «Dios ha concedido a María todos los privilegios y gracias que son convenientes a su excelsa maternidad divina y a su misión de Medianera». El fundamento de este principio podemos encontrarlo en la tesis de Santo Tomás: « cuando Dios elige a alguno para algún oficio lo prepara y lo dispone de forma que se haga idóneo para el mismo» (S. Th. III q.27, a.4c).

Roschini (Diccionario mariano, 1964) expone que se puede distinguir entre la conveniencia de un privilegio ya concedido y la conveniencia de un privilegio que se puede conceder. Así, todas las gracias que constan por fe que han sido concedidas a María por el mero hecho de haber sido concedidas, son convenientes a su excelsa dignidad.

Totalmente diferente es utilizar el principio para establecer un privilegio. En este caso se debe tratar de verdadera y real conveniencia; es decir, de conveniencia de parte de Dios y no sólo de parte nuestra.


C) El principio de eminencia: «María posee toda gracia y todo don concedido a las demás criaturas». Se deriva del anterior. Esa posesión en María es o en la misma forma -todos aquellos compatibles con su sexo y condición, como son la gracia santificante, las virtudes y dones-, o en modo eminente -aquellos incompatibles con su sexo y condición, como el carácter sacerdotal, que no lo poseyó María por ser mujer; sin embargo, tuvo de un modo inminente lo que se confiere con este carácter, que es el poder sobre el cuerpo de Cristo-, o de modo equivalente -así aunque no consta que el nacimiento de María estuviera acompañado por signos portentosos, no obstante fue vaticinado por los profetas del Antiguo Testamento-. (pp. 34-35).


D) El principio de semejanza: «María posee de forma análoga, conforme a su estado y condición, los diversos privilegios de la Humanidad de Jesucristo». La analogía que se aplica es la de atribución, en la que el analogado principal es Cristo y el secundario y subordinado es María. Además, aquellos privilegios de Cristo que se derivan de su unión hipostática (p. ej. la adoración) se deben aplicar a María en forma laxa o impropia (culto hiperdulía); sin embargo, aquellos que proceden indirectamente de ese se pueden predicar de María con una analogía propia (glorificación corporal).

No hay comentarios:

Publicar un comentario