miércoles, 26 de agosto de 2015

CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN A LA MARIOLOGÍA

1. Introducción El Conc. Vat. II:
Inicia su exposición mariológica recordando el texto de Gal 4,4-5: “cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo...”.

Toma como punto de partida de su exposición mariológica la referencia de Cristo a la Madre y de la Madre a Cristo, enmarcado en el amplio panorama de la historia de la salvación.
El Capítulo 8 de Lumen Gentium presenta una visión abarcante del misterio de María cuyo fíat no sólo hizo posible el nacimiento de Cristo, sino que cooperó en forma excepcional a la salvación del mundo, y ocupa un lugar especial en la vida de la Iglesia.



En los primeros siglos del Cristianismo:



La Iglesia naciente se reúne en torno a Ella en el Cenáculo de Jerusalén (Hch: 1,14).
Los primeros símbolos la mencionan como la Madre de Jesús por obra del Espíritu Santo. Se cita por su especial intervención en el misterio de la Encarnación y, en relación con este misterio, por su papel único en la obra de la Redención.
n Como expresión y fundamento del modo en que Dios quería salvar a la humanidad, la venida del salvador a este mundo tuvo lugar por el mismo camino que discurre la venida de todo hombre: siendo engendrado por una mujer de la que recibe no sólo la carne y la sangre, sino también la pertenencia al género humano y a un pueblo determinado.



La participación de la «mujer» en le misterio de la encarnación es algo positivamente querido por Dios hasta tal punto que no se puede captar el misterio de Cristo, si no se acepta también que la manera en que entró a formar parte del género humano fue encarnándose «por obra del Espíritu Santo» de Santa María Virgen.



Esta vinculación de María con todo el misterio de Cristo es lo que condujo a la Iglesia a profundizar el papel de la Virgen en la obra redentora de su Hijo.

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