domingo, 6 de septiembre de 2015

5. MARÍA EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA HASTA NUESTROS DÍAS

LAS PRERROGATIVAS MARIANAS: Pío IX en 1854 proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María. Un siglo después Pío XII definió el de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos. En el siglo XX, por iniciativa del Card. Mercier, arzobispo de Malinas, se constituyó un movimiento mediacionista encaminado a la proclamación dogmática de la Mediación de María. Benedicto XV instituyó la fiesta de «María, mediadora de todas las gracias» y nombró una comisión para el estudio de tal dogma, aunque la iniciativa no prosperó. El Vaticano II recibió 300 peticiones proponiendo tal definición.
 Después de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, el fervor por la realeza de María fue creciendo. El año 1900 se pidió a la Santa Sede la institución de la fiesta de «Santa María Reina Universal». Esta petición fue reiterándose en los años siguientes. Después de la proclamación de la fiesta de Cristo Rey por Pío XI en 1925, surgió en Roma un amplio movimiento pro regalitate Mariae, que culminó, por parte de Pío XII, con la encíclica Ad Caeli Reginam y la institución de la fiesta litúrgica «Santa María Reina».
  LOS TRATADOS DE MARIOLOGÍA
SIGLO XIX.
M. SHEEBEN, Handbuch der Katholischen DogmatikVuelve a las fuentes patrísticas a la vez que asume el movimiento dogmático. Tiene una doble preocupación: establecer ordenada y unitariamente los aspectos diversos del misterio mariano y, lo que supone una novedad, colocar a la Mariología en el lugar que le corresponde dentro de la teología: entre Cristo y la Iglesia.

J. Newman, no escribió ningún tratado, pero habla con cierta frecuencia y profundidad. Su doctrina es sobria, precisa y coherente y, en parte, se adelantó al pensamiento mariano de su época, aportando unos criterios e indicadores que salen al paso a futuras deficiencias que se hicieron patentes en tratados posteriores. Para él, la persona de María está en íntima relación y conexión con la del Hijo. Esta intimidad con Cristo la hace una criatura singular y única, pero no aislada de los demás seres, sino que es un anticipo del reino del Espíritu.

SIGLO XX.
J.B. TERRIEN, La Mère de Dieu et la Mère des homme (4 vol.);  A. M. Lepecier, Tractatus de beatissima Virgine María Matre Dei; entre otros.
Casi todos los tratados siguen la estructura tradicional de corte neo-tomista. Su método es el deductivo: partir de unos principios generales y llegar a unas conclusiones. Están vinculados de forma directa a la Cristología, porque se basan en el principio de la analogía y asociación de María con Cristo. El mérito de estos tratados consiste en haber explorado el misterio de María con los métodos científicos al uso en la época, promoviendo el conocimiento de María y fundando teológicamente su culto. Es laudable el empeño por poner en claro la armonía del designio de Dios en María y por conferir el carácter de teología auténtica a la doctrina mariológica.

A partir de 1920 surgen aires de apertura y renovación en la Mariología. Hay, en primer lugar, un cierto crecimiento en los estudios bíblicos. Primero se procura no instrumentalizar la Escritura y utilizarlas meramente para fundamentar las conclusiones obtenidas por el razonamiento especulativo. Al contrario, se procura ahondar en el contenido de la Biblia y de ahí obtener conclusiones. Debemos citar al menos, la obra de F. Ceuppens, De Mariologia Bíblica enTheologia Bíblica tomo IV.

Debido además al desarrollo experimentado por la Eclesiología se produce un planteamiento mariológico que relaciona esta parte de la Teología con el tratado sobre la Iglesia, un autor significativo en este corriente es O. Semmelroth con su obra Urbild der Kirche.

El movimiento de renovación litúrgica, la corriente teológica de revalorización de la patrística, el giro antropológico propiciado por la Teología a partir de 1930, y la intensificación del diálogo ecuménico, han influido positivamente en la Mariología, otorgándole una apertura y enfoque diversos a los nuevos problemas y eliminando el peligro de su propio encerramiento.

Se aprecia que en este siglo ha habido un auténtico crecimiento en el estudio de la persona de María y de sus privilegios. Lo cual es a la vez causa y efecto de la creación de revistas marianas especializadas, como Marianum (1938), Estudios Marianos (1940),Etudes Marials (1943). También se han constituido sociedades mariológicas nacionales y centros de Estudios Marianos.

A partir de 1895 se han organizado Congresos Marianos Internacionales, de carácter eminentemente pastoral y cuya finalidad ha sido y es fomentar la piedad mariana de los cristianos. Desde 1950, proclamado Año Santo por Pío XII, los Congresos Mariológicos Internacionales procuran profundizar en los diversos ramos de la ciencia teológica (Liturgia, Dogmática, Moral, Escritura, Ecumenismo, etc.).

LA PIEDAD MARIANA
Han surgido muchas congregaciones religiosas de inspiración mariana. Bergh (París, 1954) afirma que al menos 700 congregaciones femeninas creadas entre el siglo XIX y el XX tienen espiritualidad mariana, e incluso nombres que hacen referencia a María bajo alguna prerrogativa o devoción.

Benedicto XV y Pío XII impulsaron en culto mariano. León XII consagró al mundo al Inmaculado corazón de María el año 1943. Además, las apariciones de la Virgen han condicionado, al menos fácticamente la piedad y la devoción de los cristianos. Hasta 1975, la autoridad eclesiástica ha aprobado el culto mariano en los siguientes lugares: 1ª La Milagrosa, París, 1830; 2ª La Salette, Francia, 1846; 3ª Lourdes, Francia, 1858; 4ª Potmain, Francia, 1871; 5ª Fátima, Portugal, 1917; 6ª Beauring, Bélgica, 1932; 7ª Banneux, 1933; 8ªSiracusa, Italia, 1953; además de otros 8 lugares más. Por último está el florecimiento de las peregrinaciones a los santuarios marianos. Esta práctica piadosa ha hecho resurgir la vida cristiana en amplios sectores del mundo cristiano, ya que, a través de María muchos fieles han vuelto a la práctica sacramental.

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