domingo, 18 de octubre de 2015

1. INTRODUCCIÓN.

Escrito en Efeso (fin s. I), con una finalidad cristológico-soteriológica (20,30-31): El Verbo encarnado es el principio, centro y fin del evangelio. Todos los sucesos y milagros son signos que revelan su divinidad y dan testimonio de su misión redentora.
Los discursos de Jesús están asociados, con bastante frecuencia, a algún milagro. Estos discursos muestran la profundidad doctrinal que se encierra detrás de esos prodigios, que actúan a modo de símbolos o señales de realidades trascendentes. Ej., después de la multiplicación de los panes, Jesús, promete el pan de vida, es decir, la Eucaristía.

Los evangelios no son libros meramente históricos.  Sn Juan se propone dar un testimonio en favor de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios; intenta captar, a través de la fe, el sentido último y pleno, que descubre en los hechos históricos acaecidos a Jesús de Nazaret.
La estructura del libro es tan coherente y orgánica que desgajar una parte y leerla fuera del contexto de todo el evangelio, llevaría fácilmente a una interpretación errónea.

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