domingo, 18 de octubre de 2015

2. EL PRÓLOGO DEL EVANGELIO DE SAN JUAN


En los sinópticos y el Prólogo de San Juan se advierte la impronta personal del hagiógrafo. (el método propio de trabajo de cada evangelista).

Mt, dirigido a los judíos:  inicia con la lista genealógica; lo pone bajo el signo de la expectación mesiánica.
Mc, relata la vida pública de Cristo, reduce su introducción (Mc 1,1).
Lc escribe un prefacio literario de carácter helenista, donde adelanta al lector el objeto, las fuentes, el método y el fin del libro (Lc 1,1-4).
El número de estrofas del Prólogo varía según los autores:
1ª) La preexistencia del Logos (vv.1-5)

vv.1-2: El Logos en Dios. Comienza manifestando la eternidad del Logos al remontarse al principio de los tiempos  cuando afirma en arche en ho Logos; a continuación muestra el carácter personal del Verbo al relacionarlo con Dios Padre -kai ho Logos en pros ton Theon-, a la vez que indica su divinidad -kai Theos en ho Logos-.


v.3. Relaciones del Logos con lo creado. Inserta el Logos en la creación. Hay una clara atribución creadora al Logos. El Logos es la causa eficiente del mundo creado.

vv.4-5. Relaciones del Logos con los hombres. Da la vida a los hombres; sostiene, por tanto, de nuevo el carácter divino del Verbo, porque para un hebreo sólo Dios puede dar la vida. A la vez la vida que comunica es la luz de los hombres.
Concluye este texto con una relación antitética de la luz con las tinieblas.
2ª) La venida del Logos al mundo (vv. 6-13)

vv.6-8. El Bautista precursor del Verbo. Hace un  inciso en la narración para dar entrada a la figura del Precursor:

a) era un «hombre», en contraposición a la persona del Logos;
b) «enviado de Dios», se subraya a la persona divina y su misión profética;
c) su tarea fundamental es «ser testigo» cualificado del Mesías ante las autoridades judías religiosas.

El v.8 remarca, por medio de una frase negativa, el carácter testifical de Juan.

vv. 9-11. La manifestación del Logos. El v.9 retoma el discurso del v.4, e igual que en esa pericona (vv.4-5) se incide en la fórmula «oferta-rechazo»: el Logos, que es la luz verdadera, viene al mundo -hecho por El- y éste no le conoció; viene a los suyos y éstos no le acogieron.
Esta frase, después del inciso del Bautista, connota la presencia histórica del Logos encarnado, que para los hombres es la luz verdadera, en contraste con los portadores de luz del A.T., que ciertamente contenían bastante de verdad, pero no eran la Verdad.

Con la palabra «mundo» se entiende aquí a la humanidad, y esa «humanidad que se movía en un ámbito histórico terrestre no lo conoció». Tampoco «los suyos» -es decir, el pueblo elegido- lo acogieron.

vv. 12-13. La filiación divina. En el v.12 la narración cambia de tono. Llegamos al momento cumbre de esta segunda estrofa: el Verbo concede el don de la filiación divina a los hombres que le reciben en su corazón y creen en El.

El v.13 tradicionalmente ha tenido una lectura en plural: “...los cuales no han nacido de las sangres...”. Este texto, se puede referir a los creyentes que han nacido de Dios y no por mero querer o designio humano. Sin embargo, desde hace unos años va imponiéndose como más genuina la lección singular: “...el cual no ha nacido de las sangres...”. Existen varios argumentos para sostener como texto auténtico la variante singular, en tanto que la forma plural se originó en un ambiente de polémica gnóstica en Alejandría. Supuesta como correcta la lectura singular, este versículo tiene claras connotaciones cristológicas y mariológicas.
3ª) La encarnación del Verbo y su significado salvífico (vv. 14-16.18)


Sentido mariológico de este texto. 1º. “El Prólogo” no da ningún relato histórico ni de la concepción ni del nacimiento de Jesús. No obstante, se advierte que el evangelista comunica a los lectores, que el Logos, o sea el Hijo unigénito del Padre, asume una naturaleza humana mediante una concepción y un parto virginales. 2º. A pesar de no citar la palabra «madre», de una forma implícita, está presente «la mujer» que concibe y da a luz virginalmente al Verbo Encarnado.


En los vv. 12-13 advertimos que la filiación divina a la que progresivamente somos llamados los hombres se alcanza conforme vamos creyendo en Jesús, modelo de filiación. Dicho brevemente, somos hechos hijos de Dios en el Hijo. Por tanto, María, que es la Madre del Hijo encarnado, debe participar a través de su maternidad en la filiación divina de los cristianos.

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