lunes, 5 de octubre de 2015

3.LA VISITACION

Durante la embajada angélica San Gabriel da un signo a María como confirmación de sus palabras: (v.36-37).

La concepción milagrosa de Isabel «debe ser para María el signo de la manifestación divina aún más maravillosa, el nacimiento virginal del Jesús»Según el relato angélico, la relación entre la maternidad de Isabel y la de María, se constata mediante la conjunción «también». De esta manera, se sitúan ambas maternidades en un contexto mesiánico.

(v. 39-40). María se fue con prontitud (meta spoudes), no por un motivo de curiosidad, ni para corroborar la veracidad del mensaje angélico, sino por caridad para con su pariente y por la alegría que le ha causado el designio divino sobre ella.

A la región montañosa, a una ciudad de Judá, se supone que es la actual Ain-Karim (situada a 7 km al oeste de Jerusalén). En esta expresión de Lc hay una referencia velada al traslado del Arca de la Alianza desde Baalá (antiguo nombre de Quiryat-Yearim) a Jerusalén. Parece que el evangelista quiere relacionar ambos sucesos. Veamos la semejanza:
David y toda la casa de Israel subían el Arca de Señor entre clamores (cfr. 2Sam 6,15);
David saltaba delante del Arca (cfr. Sam 6,16
David gritó maravillado: ¿Cómo voy a llevar a mi casa a Señor? (2 Sam 6,9);
El Arca de Señor permaneció tres meses en Obededom (cfr. 2Sam 6,11).
Cuando María saludó a Isabel, ésta exclamó con gran voz (cfr. Lc 1,42);
Juan saltó de gozo en el seno materno ante la presencia de María (cfr. Lc 1,44);
Isabel exclamó ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? (Lc 1,43);
María permaneció con Isabel tres meses (cfr. Lc 1,56).
Por todas estas coincidencias podemos considerar que San Lucas ve a María como la verdadera Arca de la Alianza, pues lleva en su seno al verdadero Hijo de Dios. Hay, pues, una posible identificación tipológica de María con el Arca.
La presencia de María ante su pariente produce dos efectos:
 Salto de gozo del niño. En este instante se realizó la profecía del arcángel San Gabriel en la anunciación a Zacarías: «estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre» (Lc 1,15). Muchos exegetas interpretan este hecho como la purificación del pecado original de Juan Bautista en el seno materno. Otros piensan que el Precursor recibió en ese momento el uso de razón para descubrir al Mesías. Finalmente, algunos exponen que ese gozo mostrado por el niño es la manifestación externa de que se han cumplido los tiempos mesiánicos.
2º Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Es un dato comprobable en este evangelio de la infancia del Señor que todos los personajes principales de la narración están llenos del Espíritu Santo: María (cfr. Lc 1,35), Zacarías (cfr. Lc 1,67), Juan Bautista (cfr. Lc 1,15), Simeón (cfr. Lc 2,25) e Isabel. Con esta indicación el evangelista remarca que han llegado los tiempos mesiánicos, caracterizado por la efusión del Espíritu de Dios. Todas estas personas actúan bajo la acción del Paráclito, se convierten en instrumentos de Dios y profetizan bajo su inspiración.
(V.42-43). La primera vez que en el A.T. aparece la expresión bendita tú entres las mujeres es en el canto de Débora, como exaltación de Jael (Jue 5,24), donde se conmemora y ensalza la victoria de Dios y su protección sobre el pueblo escogido. Casi diez siglos después se repite la alabanza en Judit (Jud 13, 17-18). Ambas mujeres fueron instrumento en manos de Señor para derrotar a los enemigos de Israel.
La expresión bendita entre es un semitismo que connota un superlativo. A la vez que Isabel revela el hecho prodigioso acaecido a su pariente en Nazaret, la nota característica de estas palabras es la relación existente entre la bendición a María y la bendición al fruto de sus entrañas: la exaltación de María procede de la excelencia del fruto de su seno.
Podemos, pues, captar que la alabanza de Isabel presenta a María como instrumento de Dios; en este caso, como Madre de Aquel que vencerá al enemigo del pueblo elegido.
La madre de mi Señor es una proclamación de la maternidad divina. Aquí Isabel rebasa la mera maternidad biológica y se sitúa en el plano teológico de la maternidad divina. María es la madre del Kyrios, título reservado exclusivamente a Señor y que denota el carácter divino del Mesías.
(v.44-45). Estos versículos constituyen la segunda parte del cántico de Isabel en honor de su pariente. El v.44 es la constatación en boca de Isabel de lo acontecido y narrado previamente (Lc 1,41).

En el v.45 Isabel, movida por el Espíritu, explica que María es bienaventurada por su fe. «En el saludo de Isabel cada palabra está llena de sentido y, sin embargo, parece que es de importancia fundamental lo que se dice al final feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor. Estas palabras se pueden poner junto al apelativo llena de gracia del saludo del ángel. En ambos textos se revela un contenido mariológico esencial, o sea, la verdad sobre María, que ha llegado a estar realmente presente en el misterio de Cristo precisamente porque ha creído. La plenitud de gracia anunciada por el ángel, significa el don de Dios mismo; la fe de María proclamada por Isabel en la visitación indica cómo la Virgen de Nazaret ha respondido a este don».

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