lunes, 5 de octubre de 2015

4. EL MAGNIFICAT

La atribución y su autor
Desde Harhack se ha puesto en duda que este himno haya sido pronunciado por María. Este autor y los que sostienen la misma hipótesis se basan en que algunos manuscritos latinos (Vetus latina, siglo IV; De Psalmodie Bono IX,11 a.400) atribuyen este canto a Isabel.
Esta disyuntiva -si ha recitado este cántico Isabel o María- no se pude resolver  acudiendo a la crítica interna del texto, ya que, si bien algunas expresiones convienen perfectamente a María (cfr. Lc 1,48b), otras cuadran más bien a Isabel (cfr. Lc 1,48a). La semejanza del himno con el de Ana, madre de Samuel (cfr. 1 Sam 2,1-10) no solventa tampoco el problema, pues, si Isabel como Ana presentan el hijo en el Templo (cfr. Lc 2,22-40; 1Sam 1,21-28). Sin embargo, el peso de la tradición y de todos los manuscritos griegos y gran parte de los latinos lo arrogan a María, de tal forma que actualmente la crítica no vacila en ponerlos en sus labios.
Resuelto el problema de la atribución, respecto a su autor hay, también, opiniones dispares:
a) Unos sostienen que el autor de este texto es María. Es la opinión tradicional y actualmente válida para muchos estudiosos. Hay razones de peso para afirmar esta tesis:
- Lo atestigua directamente el evangelista San Lucas.
-Las mujeres hebreas piadoras conocían muchas oraciones e himnos del A.T. No parece difícil que María, basándose en estos textos, compusiera un himno de alabanza a Dios.
- María pertenecía al grupo de los pobres de Señor (anawim) que vivían con la esperanza de los tiempos mesiánicos.
b) Otros mantienen que el autor es el propio San Lucas, quien lo pone en boca de María. Sin embargo, debemos decir que San Lucas es un cristiano proveniente del mundo griego. Las continuas referencias del Magnificat al A.T. y la índole adventicia del cántico, cuya ausencia no impediría la comprensión de la narración, ponen en duda esta hipótesis.
c) Algunos  afirman que este himno es un salmo precristiano nacido en el ambiente de los pobres de Señor y que ha sido adoptado por la primera comunidad cristiana de Jerusalén y que el evangelista lo ha puesto en labios de María, porque expresa los sentimientos que en aquel momento embargarían su alma.
Estas dos últimas opiniones derivan de un pre-juicio que las condiciona: que una joven de unos 15 años, sin una formación previa, es incapaz de expresar las ideas contenidas en el Magnificat en dísticos perfectos de poesía hebrea. Se afirma, además, que este himno no responde a la salutación hecha por Isabel.
Sin embargo, el P. Lagrange escribe: «No se encuentra en todo el cántico ningún pensamiento rebuscado no, digámoslo abiertamente, ninguna imagen oriental. Quizá se ha exagerado a veces su valor literario; encierra demasiadas reminiscencias para hacer excesivo honor al genio poético» (L´Evangile selon Saint Luc, París, 1927). La perfección del cántico de María reside en la elección de los textos recogidos y en la situación en que fueron dichos, que muestran la riqueza del alma de la Virgen de Nazaret.
Debemos observar finalmente que el Magnificat no es propiamente la respuesta de María a la alabanza de Isabel. La estructura de la narración es distinta. En efecto: María saludó a Isabel (cfr. Lc 1,40) y ésta, en respuesta y movida por el Espíritu Santo, la bendice (cfr. Lc 1,42-45), y con ello el diálogo queda concluido. A continuación comienza el cántico de María dirigido a Dios.
Estructura. Es normal en el A.T. que, al finalizar el relato de una intervención divina en favor de su pueblo, el evento se realce con la proclamación de un cántico. El cántico resume la narración, expresa los sentimientos del pueblo y trasciende a un plano teológico los sucesos acaecidos. El Magnificat tiene la misma estructura: muestra la intervención de Dios en María; manifiesta los sentimientos que llenan su corazón y contempla la trascendencia de la acción divina en la historia de la salvación.
Desde el comienzo del Magnificat se advierte claramente el tono de alabanza motivada, que es, según Gomá, el «ejercicio principal de la espiritualidad bíblica. `Alabab al Señor porque es bueno...’ (Sal 134,3). Al manifestarse en palabras, las expresiones de alabanza suelen preceder a la indicación del motivo. Pero en la experiencia real ha sido el motivo el que se anticipó y suscita la alabanza».
Siguiendo la estructura de la alabanza motivada, el Cántico de María puede dividirse en cuatro partes:
a) la alabanza a Dios por sus acciones (v.46-47)
b) en favor de María (v.48-49)
c) en favor de los pobres (v. 51-53)
d) en favor de Israel (v. 54-55)
La primera parte pertenece estrictamente a la alabanza, en tanto que las tres restantes constituyen los motivos por los que se alaba.
a) La alabanza (v.46-47)
El principio de este cántico es prácticamente coincidente con el de Ana: «Mi corazón exulta en Señor y por eso me gozo en su ayuda» (1Sam 2,1). Los términos «alma» y «espíritu» son hebraísmos que equivalen a «yo».
Estos dos versículos enlazados por la conjunción copulativa (kai), presentan la misma estructura gramatical:
engrandece
mi alma
al Señor
y
se alegra
mi espíritu
en Dios mi Salvador
Este procedimiento formal, muy común en la literatura hebrea, se denomina paralelismo. De esta forma, María va presentando gradualmente los sentimientos que le dominan en ese momento.
b) En favor de María (v.48-49)
Es el primer motivo para la alabanza. En las alabanzas motivadas, el motivo se introduce normalmente por la conjunción «porque» (hoti) o una equivalente. Esta conjunción muestra la causalidad objetiva existente entre las dos realidades.
A la luz de esta explicación podemos apreciar el desenvolvimiento lógico de estos versículos, mediante un resumen esquemático:
engrandece mi alma al Señor
porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava,
así pues me llamarán bienaventurada
porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso.»
En el primer período, María alaba a Dios porque la puesto los ojos en Ella. En el segundo, las generaciones alabarán a María, porque Dios hizo en su favor maravillas.
El sentido literal de la palabra tapeinosis (humildad) no es el de la virtud moral, sino la de «condición humilde»; es decir, connota una situación externa de pequeñez, de persona normal no influyente en la sociedad, etc. En este sentido podemos afirmar que María pertenece a los pobres de Señor.
Esta significación queda reforzada con la autodenominación de María como esclava. De nuevo emplea el mismo apelativo que había utilizado en la anunciación (cfr. Lc 1,38). Se siente y se considera la esclava de Señor, con todas las consecuencias de pertenencia a otro, de dedicación laboriosa y de abajamiento. María «sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de El la salvación».
El v. 50 sirve de transición para el segundo motivo de alabanza.
c) En favor de los pobres (v.51-53)
María extiende su alabanza y pasa de un plano personal de experiencia a contemplar lo actuación de Dios sobre los anawim. O sea, franquea el tono personal y se fija en el comunitario, en el grupo de personas que constituyen los pobres, los humildes, los tapeinoi, que jalonan la historia de la salvación y que, por una acción gratuita divina, se han convertido en personas transmisoras de la gracia de Señor.
Estos versículos son un preludio profético de la predicación del Señor y de su misma vida. Esta doctrina tiene una rica tradición en el A.T. Resulta por ello tradicional y no es extraño que María pueda plasmar en su cántico de alabanza al Señor. Ella se convierte de esta forma en heraldo y portavoz de ese conjunto de pobres de Señor, abiertos a la palabra y a la voluntad de Dios, con un enorme deseo de seguir los designios divinos.
d) En favor de Israel (v. 54-55).

En estos versículos -el v.54 está elaborado basándose en Is 41,8-9 y Sal 98,3; el v.55 en Miq 7,20- se amplía el horizonte comunitario a todo el pueblo elegido. María ahora reflexiona sobre las maravillas operadas por Señor en su pueblo. Las promesas que se hicieron a Abraham se han mantenido a través de los siglos y alcanzan su cumplimiento en la Doncella de Nazaret, porque Dios acoge con misericordia a su siervo Israel; es decir, a su pueblo que sufre y espera con ansias la salvación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario