lunes, 5 de octubre de 2015

5. EL NACIMIENTO DE JESÚS.

La narración del nacimiento de Jesús puede dividirse en tres partes:
a) descripción del tiempo y de las circunstancias (Lc 2,1-5);
b) el nacimiento de Jesús (Lc 22,6-7);
c) la adoración de los pastores (Lc 2,8-20).
Anticipadamente, se puede decir que las dos primeras partes son el prólogo de la tercera. Es decir, el hagiógrafo pone el clímax de esta escena en la anunciación y explicación angélica del nacimiento a los pastores y su adoración al recién nacido.
a) Descripción del tiempo y circunstancias (Lc 2,1-5)
(v. 1). En empadronamiento entre los romanos tenía una doble finalidad: por una parte, se trataba de conocer el número de habitantes del Imperio; por otra servía para la distribución y pago de los tributos. La expresión «todo el mundo» (oikoumene) queda restringida al mundo civilizado; es decir, a los límites del Imperio Romano.
(v.3). Respecto a este versículo algunos objetan que si Roma encargó hacer el censo, éste debía realizarse según la costumbre romana; o sea, cada uno en su lugar de residencia. Esta inclusión lucana, por tanto, es un mero artificio para razonar el nacimiento de Jesús en Belén. Sin embargo, hay datos perfectamente documentados de que los empadronamientos en Egipto se realizaron en las ciudades de origen y  no de residencia. Es muy posible que los censos de los países de Oriente siguieran esa misma regla.
(v.4). El evangelista reitera dos datos ya indicados anteriormente: que José pertenece a la estirpe de David y que residía en Nazaret de Galilea.
La palabra subir (anabainein) es el término designado de forma usual para ir a las montañas de Judea y en especial a Jerusalén. En el A.T. con frecuencia «la ciudad de David» es Jerusalén (2Sam 5,7.9), pero también se dice que Belén es «la patria o la ciudad de David» (1Sam 16; 20,6).
San Lucas emplea el nombre de «esposa» (gynaiki) para indicar la relación entre María y José, en tanto que en Lc 1,27 emplea el termino «prometida o desposada» (emnesteumene), mostrando de esta forma que ya se habían realizado las nupcias.
b) el nacimiento de Jesús (Lc 22,6-7)
Comienza esta pericona con un semitismo (en to einai autous ekei epliesthesan hai hemerai tou tekein auten), literalmente «sucedió que, estando allí, se cumplieron los días de dar a luz». El «primogénito» (prototokon) equivale con frecuencia a «unigénito» (monogenes). San Lucas utiliza ese término -y no unigénito que indica claramente que es el único hijo- por su carácter legal-religioso, pues la ley mosaica exige la donación a Señor del primer hijo (Ex 13,12; 34,19; Nm 13,13), y, a la vez, expresa el derecho de primogenitura (Ex 25,29-33: Deut 21,15-17). De ninguna forma presupone que María haya tenido otros hijos, como algunos autores han insinuado.
A continuación el hagiógrafo indica dos cosas:
a) María «lo envolvió en pañales», hecho totalmente ordinario y que indica el cariño y la solicitud de los padres;
b) «lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada», cosa bastante y extraña.
Si el evangelista ha mostrado estos hechos es porque serán los signos que los pastores recibirán en la aparición angélica para reconocer al Salvador recién nacido.
La última parte del v.7 -«porque no hubo lugar para ellos en la posada»- es una aclaración que hace S. Lucas para justificar el hecho insólito de recostar al Niño en un pesebre.
San Lucas al relatar, en estos dos versículos, el nacimiento del Mesías no lo puede hacer con más sobriedad; la misma sencillez de la narración es como una manifestación sensible de la kenosis divina. El Verbo del Padre viene al mundo, para salvarnos, en la intimidad, en el silencio de la tierra, rodeado exclusivamente de los cuidados amorosos de su Madre y de San José. Sólo estas dos personas son los testigos oculares del nacimiento del Hijo de Dios.
c) la adoración de los pastores (Lc 2,8-20)
La estructura de esta escena es la propia de un anuncio sucedido, con las partes clásicas de todo anuncio bíblico:
a) presentación de los sujetos del anuncio y su localización espacio-temporal (v.8);
b) presencia del enviado divino (v.9);
c) temor causado en los sujetos por la presencia del enviado (v.9);
d) palabras de consuelo (v.10);
e) mensaje (v.11);
f) signos del mensaje (v.12);
g) acción confirmatoria del anuncio (vv. 13-14).
Se advierte inmediatamente la gran similitud entre esta estructura y los anuncios previos a Zacarías (Lc 1,5-23) y a María (Lc 1,26-38). Hay una diferencia comprensible: en los dos primeros anuncios hay una pregunta de aclaración de cómo se realizará el oráculo. En este último, tal pregunta no existe. Es lógico esa diferencia porque los dos primeros son anuncios previos a la acción, en tanto que el otro es un anuncio de algo que ya ha sucedido.
v8. La característica de los nuevos tiempos anunciada por María en el cántico del Magníficat -dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos... (Lc 1,51-53)- empieza a cumplirse en este momento. Los pastores -es decir, los pobres y humildes- son los que van a ser objeto del anuncio divino.
v9. La aparición inesperada del ángel produjo un estado de temor en los pastores. Reacción, por otra parte, normal ante las angelofanías (Lc 1,12-13.29-30). La presencia del ángel viene acompañada de la gloria del Señor que les rodeó de luz. Sabemos que la «gloria del Señor» en el evangelio de San Lucas está relacionada con la glorificación de Cristo por parte del Padre (Lc 9,26.31.32; 21,27). «Esto significa que el Niño de Belén es de naturaleza divina. Es el Salvador-Cristo-Señor (Lc 22,11): tres títulos que la catequesis lucana de los Hechos atribuye al Resucitado».
v10. El mensaje angélico comienza con unas palabras que infunden paz a los pastores. Les comunica que no tengan miedo, porque les trae una alegre noticia para todo el pueblo. A pesar de que toda la escena del Nacimiento está marcada en un ambiente universalista -se cita al Emperador Romano y se indica un censo para todo el mundo- en el vocabulario lucano el término laos (pueblo), utilizado en este versículo, hace mención sólo al pueblo judío (Lc 3,21; 7,29; 8,47).
v11. «Hoy» (semeron), de claro sabor lucano, señala el comienzo de una época nueva. Algunos autores advierten, en este mensaje, un cierto fondo veterotestamentario, en especial un recuerdo a la profecía de Isaías: «un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9,6). La denominación de Belén como «ciudad de David» connota una reafirmación del origen davídico de Jesús.
A continuación el ángel da tres títulos al niño recién nacido: Salvador, Cristo, Señor. Títulos muy utilizados en la primitiva Iglesia para denominar a Jesús (Flp 3,20; Hch 5,31):
- «Salvador» (soter) se utiliza con frecuencia en el A.T. aplicándolo a Señor y también se da a algunos israelitas que en nombre de Señor han salvado al pueblo elegido. En el N.T. se usa para denominar a Jesús. Incluso hace mención a su propio nombre «Dios salvará»: Jesús nos salva de nuestros pecados.
- «Cristo, Señor» (Christos, Kyrios), esta aposición nominal únicamente aparece en esta escena en todo el N.T. Por eso, algunos autores han propuesto que esa expresión griega es una traducción errónea de dos palabras hebreas en estado constructo, cuya versión correcta sería Christos Kyriou -El ungido del Señor-. Sin embargo, San Lucas es el único evangelista que aplica frecuentemente el título de Kyrios a Jesús y además todos los códices griegos presentan esta lectura.
El ángel, por tanto, está indicando, con estos tres títulos, el carácter divino del Niño que acaba de nacer y que a la vez es el Salvador del pueblo y el Mesías  -ungido- prometido.
v12. A pesar de que los pastores no reclaman un signo, el ángel les comunica: «encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre». En el lenguaje bíblico el signo no tiene un fin exclusivamente indicativo -para autentificar un hecho-, sino que también incluye un fin didáctico. Esta señal, según muchos autores, está relacionada con el mensaje previo y ayuda a su comprensión. En este caso la señal es triple:
a)  encontraréis a un niño;
b) envuelto en pañales;
c) reclinado en un pesebre.
a) Los títulos «Salvador y Cristo Señor» se encuentran personificados en un niño. Esa situación de niño indica la nueva disposición de Dios hacia su pueblo, una disposición de acercamiento, de kenosis, de entrega. El Mesías prometido, que es Dios y Salvador, no viene con signos de fuerza y poder, sino que se presenta inerme, débil, próximo, semejante a nosotros y salvará a su pueblo compartiendo nuestra misma condición y vida.
b) La segunda señal -envuelto en unos pañales- para algunos hace alusión a la realeza de Jesús. Se apoyan en el texto de Sab 7,4, donde se dice que Salomón fue criado entre pañales; para otros es una prefiguración de la sepultura de Cristo, que fue envuelto en una sábana (Lc 23,53); y según otros indica que Jesús no vino al mundo en la indigencia y el abandono, sino que sus padres lo aceptan con cariño y solicitud. Para Muñoz Iglesias esta señal refuerza la situación de un niño recién nacido; es decir, el Mesías no aparece en una edad adulta, sino que viene a la tierra como los demás hombres, nace de una madre.
c) Finalmente, la tercera señal -reclinado en un pesebre- igualmente para unos hace referencia al sepulcro donde será enterrado; otros relacionan este signo con Is 1,3 -conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne- de forma antitética: los pastores, primicia del pueblo de Israel, obedecen el mandato angélico y conocen el pesebre del Señor; y para otros este signo ratifica que el recién nacido desciende de David.
v 13-14. A continuación el evangelista interrumpe el hilo de la narración -que proseguirá en el v.15- y muestra otro hecho portentoso que complementa el mensaje: una multitud de ángeles alaba al Señor por el nacimiento del Niño. Hay precedentes de este suceso en el A.T., cuando Isaías, ante la presencia del Templo, oyó cantar a un coro de serafines: «Santo, Santo, Santo Señor Sebaot, llena está toda la tierra de su gloria» (Is 6,3).
El cántico del Gloria tiene una estructura bimembre, que guarda un cierto paralelismo entre ambas estrofas:
Gloria
a Dios
en los cielos
y
paz
a los hombres de buena voluntad
en la tierra
El término «gloria» -doxa- expresa el honor que se debe tributar a la majestad de Dios y el reconocimiento de su acción poderosa ante los hombres . Y el vocablo «paz» -eirene- «indica una ausencia de disturbios y guerras; es más bien una situación de felicidad, fruto de una relación de amor de Dios con su pueblo, a causa de la venida del Mesías.
vv.15-20. He aquí los diversos pasos conclusivos de la escena:
a) Los pastores deciden comprobar ocularmente el mensaje angélico;
b) van con una cierta celeridad -corriendo-, desean obedecer con presteza a la revelación;
c) verifican los signos anunciados;
d) pregonan lo sucedido a los presentes;
e) reacciones variadas ante lo acontecido;
f) regreso de los pastores.
El centro de toda esta parte conclusiva no es la aparición del ángel, sino el hallazgo del niño siguiendo los signos dados en el anuncio.
El hagiógrafo distingue netamente entre la admiración de los presentes y la reacción de la Virgen: «María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón». Los primeros se maravillaron y no pasó de ahí su reacción. La actitud de María es mucho más profunda. Estudiemos aún más este v.19:
El término griego synterei supone más que un simple recuerdo, es un conservar para hacer de esos recuerdos algo suyo, propio. Igualmente la palabra remata engloba tanto las palabras como los hechos acontecidos que se acaban de escuchar. Symballousa (participio de symballein) lo utiliza San Lucas para mostrar el ejercicio interno realizado por María con todos esos datos. Según van Unnik, significa interpretar sucesos oscuros para darles el sentido correcto, a veces con la ayuda divina.
Finalmente kardia en la mentalidad semita es el lugar donde se fraguan los pensamientos, a diferencia del sentir occidental, pues en éste, el corazón es el asiento de los sentimientos, los afectos y el amor.
Esta frase utilizada por el evangelista para indicar la actitud de María ante los hechos acaecidos, tiene sus paralelos en el A.T., en concreto en la literatura apocalíptica y en la sapiencial (Dan 8,26; Gen 37,11; Ap 1,3;22,7).

María al querer profundizar en el significado de los acontecimientos relativos al nacimiento de Jesús y al intentar acomodar su vida a ellos, anticipa, la actitud de todo discípulo de Cristo. Con razón Pablo VI ha podido decir que «María es la primera y más perfecta discípula de Cristo» (Exh. Marialis cultus, n.35).

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