domingo, 18 de octubre de 2015

5. LA MUJER DEL APOCALIPSIS

Por su carácter eminentemente simbólico, el Apocalipsis ha recibido variadas interpretaciones a lo largo del tiempo. Aunque es un libro fundamentalmente escatológico, posee una orientación pastoral, donde el autor, a través de una experiencia mística, quiere consolar a los cristianos de la Iglesia primitiva, perseguida por el Imperio Romano.


Una posible división del libro puede ser:

A.- Parte introductoria: las cartas a las 7 iglesias de Asia (1-3)
B.- I Parte (4-11)
C.- II Parte (12-20)
D.- III Parte Epílogo: Instauración del nuevo Mundo (21-22).
Situado el capítulo 12 al principio de la segunda parte del Ap, los exegetas no han llegado a una interpretación unánime sobre la conexión de esta visión con las profecías precedentes. Hay quienes propugnan una concepción recapituladora, donde lo expuesto en los capítulos 4 al 20 es algo ya acaecido y repetidamente narrado bajo las alegorías de los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas. Otros mantienen una concepción progresiva de nuevos acontecimientos que irán teniendo lugar sucesivamente.
Centrándonos en el texto en cuestión, podemos notar tres partes fácilmente diferenciadas:

1ª) Presentación de la mujer, del hijo varón y del dragón (vv 1-6)
2ª) Combate de Miguel con el dragón y su resultado (vv.7-13);
3ª) Fuga de la mujer al desierto ante el ataque del Dragón (vv.14-17).

De ellas sólo veremos con detenimiento la 1ª ya que es suficiente para captar la dimensión mariológica de este texto.
La presentación de la escena introduce al vidente en un marco grandioso, que aparece en el cielo y que llena de alto relieve teológico-simbólico la figura que emerge en esta visión: «la mujer que está encinta» y que se contrapone a otra figura: «el dragón rojo».
En estos versículos hay, como acabamos de ver, unos personajes que son los protagonistas de toda la narración y que es preciso analizar con cierto detenimiento.

A) El hijo varón (v.5). Por la identidad verbal de esta frase con Is 66,7, algunos han querido ver en esta expresión un carácter exclusivamente colectivo. Sin embargo, la cita que la acompaña, exige matizar el carácter colectivo del hijo varón. En efecto, el texto «el que ha de regir las naciones con cetro de hierro» está tomado del sal 2,9, que es claramente mesiánico. Además un poco después en  12,11 se ve la conexión y subordinación que existe entre el Mesías y el pueblo de Dios, pues éste por «la sangre del cordero» venció al dragón y sus secuaces. Por ello se puede afirmar que, «hay una superposición de planos en el v.5a: por una parte el Mesías y por otra el pueblo que nace en un sólo día».

El nacimiento que se relata en esta pericona, no parece que se pueda identificar con el nacimiento de Belén porque, inmediatamente continúa el texto sagrado diciendo que «fue arrebatado hasta Dios y hasta el trono» (v.5b). Frase que recuerda al sal 110 y que conlleva la glorificación del Mesías. Por todo esto, la opinión más generalizada es que este nacimiento se refiere al misterio pascual, por el que Cristo es entronizado a la gloria.

b) El dragón. Es la personificación del enemigo de Dios, que quiere eliminar la incipiente comunidad cristiana. La descripción que se nos hace del dragón en este texto evoca la narración del libro de Daniel. Unas veces se pueden identificar con el Imperio Romano, particularizado en sus emperadores (Nerón o Domiciano); otras con la opresión que sufren los primeros cristianos, causada por Satanás. En este texto el dragón se identifica con la serpiente genesíaca (Gen 3,15). Dicho de otra manera, San Juan, en esta visión, contempla la lucha y la victoria definitiva del Mesías contra el Demonio, porfetizada en el protoevangelio. Además indica las diversas fases del combate:

1) el dragón en el cielo intenta devorar al Hijo varón (v.4). El Hijo es arrebatado al trono de Dios (v.5).

2) Batalla entre Miguel y sus ángeles vs la Serpiente y su milicia (v.7);  el demonio es arrojado a la tierra (v.9).

3) Combate en la tierra del dragón contra la Mujer (v.13). La mujer recibe dos alas y vuela al desierto (v.14).

4) Batalla, en la tierra, del dragón contra el linaje de la mujer (v.17).
c) La Mujer. Ahora deseamos identificar a la «mujer vestida de sol» que está en el centro del drama de la visión.

En el caso de que «el hijo varón» represente a una colectividad, la Mujer se identifica con la Iglesia del Antiguo y Nuevo Testamento. De hecho la descripción de los atributos de la Mujer evoca al pueblo de Israel, que camina hacia los tiempos mesiánicos y a la Iglesia que está encinta y sufre dolores en el parto de sus hijos.

Por otra parte, no podemos negar el carácter individual del «hijo varón» y su identificación con el Mesías. Ahora bien, si Satanás y el Mesías son históricos, debemos retener que son igualmente históricos los otros personajes que intervienen en el combate: la Mujer no es un mero símbolo, una simple imagen, sino un personaje real: la madre del Mesías, es decir, María.

Hemos considerado anteriormente que el «hijo varón» puede tener esas dos interpretaciones y ambas concatenadas. Igualmente en «la mujer» hay la superposición de dos planos en la misma visión: María y la Iglesia. Los teólogos y exegetas discrepan sobre cuál de estos dos personajes está representado en el texto de una forma primigenia y directa. Hay diversas teorías que pueden resumirse en éstas:

1) unos admiten un doble sentido literal en el texto. Para éstos, tanto María como la Iglesia están en ese sentido.

2) Otros sostienen que María está en sentido literal y la Iglesia en sentido típico.

3) Algunos afirman que la Iglesia está en sentido literal primario y María en un sentido literal secundario.
4) Otros dicen que en un sentido explícito está la Iglesia y en un sentido implícito María.

Actualmente, la tesis más generalizada entre los estudiosos es que «la mujer vestida de sol» representa primariamente a la Iglesia de los dos Testamentos; es decir, al Pueblo de Dios que a través de María nos ha dado al Mesías y a la Asamblea de la Nueva Ley, protegida por Dios, que lucha contra el Dragón, Pero en un sentido más profundo emerge también la figura de María, que, como «excelsa Hija de Sión», representa al antiguo Israel y como modelo de fe es la más perfecta realización de la Iglesia.

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