domingo, 27 de diciembre de 2015

1. INTRODUCCIÓN.

La maternidad de María, tal como fue realizada y revelada por Dios, es totalmente excepcional, milagrosa e irrepetible, porque es una maternidad virginal. Es decir, la Madre de Jesús es totalmente y siempre Madre-Virgen. Es, además, una maternidad divina, no sólo porque Dios ha intervenido directa y extraordinariamente con su acción en toda la generación del Hijo, sino especialmente porque el término, o sea el Hijo engendrado virginalmente por Ella, es la Segunda Persona de la Trinidad. Esta es la fe de la Iglesia, que se condensa en la antíquisima fórmula: «Virgen antes del parto, en el parto y después del parto». Pablo VI en el “Credo de Dios” ha reafirmado este dogma (nº 14).

Así como antes se ha afirmado el carácter real y verdadero de la maternidad de María, la Iglesia sostiene también la virginidad auténtica de la Madre de Jesús. El papa Juan Pablo II ha reiterado repetidamente el sentido fuerte de la virginidad de María. Es un hecho que afecta tanto a sus sentimientos, afectos y pensamientos (virginitas spiritualis) como su cuerpo (virginitas physica).

No hay comentarios:

Publicar un comentario