martes, 1 de diciembre de 2015

4. MARÍA, LIBRE DE «FOMES PECCATI».

Por «fomes peccati» se entiende la inclinación a pecar, que proviene del apetito sensitivo. Es, por tanto, la concupiscencia desordenada que nace del pecado y a él se orienta. El Concilio de Trento enseñó que el «fomes peccati» permanece en los bautizados y, aunque en sí mismo no es pecado en los renacidos por el bautismo, sin embargo es una secuela del pecado original.


Pío IX enseña en al Bula definitoria que Dios, colmó a María «mucho más que a todos los espíritus angélicos y a todos los santos con la abundancia de todos los dones celestes, sacados del tesoro de su divinidad, en tan maravilloso modo que Ella estuvo siempre libre de toda mancha de pecado y, del todo bella y perfecta, fue dotada de tal plenitud de inocencia y santidad, que no puede concebirse otro mayor fuera de Dios,... la purísima de alma y cuerpo»



Aunque no ha sido objeto de la definición dogmática podemos concluir de las palabras del Papa, que la Virgen María se vio libre de esa inclinación al pecado que se adelanta incluso a la reflexión consciente del hombre. Lo cual no quiere decir que las otras consecuencias del pecado fueran también excluidas: se entiende que se excluyan las que de alguna forma dicen relación al orden moral; las demás no tuvieron en Ella, al igual que en Cristo, aspecto de castigo, sino que fueron el resultado de la plena incorporación a la humanidad, que en Cristo es redimida.




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