martes, 1 de diciembre de 2015

5. MARÍA, LIBRE DE TODO PECADO PERSONAL.

A partir del siglo V es afirmada por los Padres de forma unánime. Podemos decir que los elegidos por Dios para una misión determinada, son preparados y dispuestos de tal modo que sean idóneos para aquello a que son elegidos. María fue divinamente elegida para ser Madre de Dios y por eso no puede dudarse de que Dios la hizo apta, por su gracia, para esa misión. Pero no hubiera sido idónea Madre de Dios si hubiera pecado alguna vez; y esto por tres razones:


1ª porque el honor de los padres redunda en los hijos, y a la inversa, la ignominia de la madre hubiera redundado en el Hijo;



2ª porque María tuvo una especial afinidad con Cristo, que tomó carne de Ella;



3ª porque el Hijo de Dios, que es la Sabiduría de Dios, habitó en Ella de una manera singular; no sólo en el alma, sino también en sus entrañas.



El Concilio de Trento enseña que Dios concede gracia suficiente a todos los justos para observar los preceptos divinos. Aunque caigan en pecados leves y cotidianos, no por eso dejan de ser justos. Aquí, por tanto, no se trata de plantear si la Virgen cometió pecados mortales sino de saber si también se vio libre de los pecados veniales que pueden cometer los justos.



La Virgen María fue inmune toda su vida de cualquier pecado venial, por especial privilegio de Dios. No cometió pecado alguno, ni mortal, ni venial. Ver: Concilio de Trento ss VI, c. 18 (Dz 1573); San Pío V enseña que en María no hubo pecado actual (Dz 1973); Pío IX afirma que fue limpia de todo pecado, y libre de toda mancha en el cuerpo, el alma y el entendimiento.La misma idea es subrayada por Pío XII en Mystici corporis (1943), en Fulgens Corona (1953) y el radiomensaje Quando lasciate (1953). El Concilio Vaticano II ha reiterado la misma doctrina, al decir que enriquecida desde el primer instante de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente singular (LG 56)




No hay comentarios:

Publicar un comentario