domingo, 27 de diciembre de 2015

5. RAZONES DE CONVENIENCIA.

De la Concepcion virginal. Siendo la Encarnación del Verbo un misterio, no es posible al entendimiento humano comprender adecuadamente las razones últimas de por qué se realizó virginalmente. Dios no nos ha revelado los motivos de esa concepción virginal (...) Sin embargo, los teólogos han intentado descubrir algunas razones de conveniencia por las que el Verbo tomó carne y se hizo hombre de modo virginal (...) Los mariólogos ven como razones de conveniencia de este misterio:


1. La gratuidad de la Redención; al excluir y suplir Dios la acción humana del varón, queda resaltada la exclusiva iniciativa de Dios en la salvación del hombre;
2. El Salvador no es obra y fruto de los hombre, sino de Dios;
3. Se anticipa y prefigura en la concepción de Cristo el estado definitivo escatológico de los redimidos en el cielo, donde «serán como ángeles de Dios» (Mt 12,25);
4. En la aceptación total de María para concebir, por obra del Espíritu Santo, al Hijo de Dios se representa y realiza el paradigma de la entrega absoluta y fecunda del hombre a los planes salvíficos de Dios.
Del parto virginal. Santo Tomás enseña que «de esta maldición de Eva (concebir con detrimento, gestar con molestias y parir con dolor) se vio libre la Virgen, que concibió sin menoscabo, gestó con contento y dio a luz con gozo al Salvador». Y nos ofrece tres razones de conveniencia para este parto virginal:


1º Siendo el que nace el Verbo de Dios, era conveniente que su nacimiento temporal de una virgen intacta imitase la incorruptibilidad de su nacimiento eterno del Padre;
2º el Verbo, que venía a curar todos nuestros males y corrupciones, no debía, al nacer de su Madre, lesionar su virginidad;
3º el Verbo encarnado que manda honrar a los padres debía, con su nacimiento incorruptible, honrar y santificar a su Madre.
Sin duda, el parto virginal es consecuencia de la concepción virginal: la que concibió sin concurso de varón, debía dar a luz sin menoscabo de su integridad y sin dolor, del que se hubiera seguido cierta aversión al Hijo, lo cual desdice absolutamente de ese Hijo-Dios y de esa Madre.


De la virginidad después del parto.
Santo Tomás recoge diversas razones y las resume así:
a) siendo el Unigénito del Padre desde la eternidad, convenía que, en el tiempo, fuese el hijo único de María;
b) lo contrario hubiera sido una injuria para el Espíritu Santo que había elegido y santificado el seno de María como santuario de su acción admirable;
c) hubiera sido indigno de la santidad de María y de José al que también había sido revelado el misterio de su virginal esposa.

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