martes, 1 de diciembre de 2015

7. LAS VIRTUDES DE MARÍA.

Los justificados, tanto los niños como los adultos reciben, junto con la gracia, las virtudes y los dones del Espíritu Santo. María tuvo desde el primer momento de su concepción pasiva, con la plenitud de la gracia inicial, las virtudes infusas y los dones; pero cuanto más perfecta sea la gracia, tanto más perfecta serán también las virtudes que proceden de ella; y como la gracia de María fue perfectísima, hay que decir que las virtudes infusas -teologales y morales- florecieron en Ella no conforme a la común medida, sino en sumo grado y con cierta eminencia especial.


Con respecto a otras gracias, denominadas técnicamente carismas, habría que concluir que «tuvo todo cuanto convenía a su condición».



De todas formas, esta perfección en las virtudes y en los carismas, que le hace ser la criatura más perfecta salida de las manos de Dios, no nos debe hacer olvidar que Ella vivió una existencia plenamente humana, corriente y normal, a los ojos de los demás.

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